Amor de tierra adentro
Vengo de una tierra que huele a café recién colado,
donde el alma se despierta con cada amanecer en la montaña.
Allí donde el sol se asoma entre guaduas, naranjos y cafetales,
y la palabra dada vale más que el oro y la plata.
En mi tierra se honra la memoria del abuelo arriero,
el caminar de la mula y el consejo sabio de la abuela,
las manos callosas del padre labrador,
y la risa fresca de los hijos que crecen entre coplas y arepas.
Somos canto y costumbre, fogón que no se apaga,
somos la misa de domingo, el saludo al vecino,
el amor que no se dice, pero se siembra y se cosecha.
En cada rincón de Antioquia, Caldas, Quindio y Risaralda,
vive una historia, una guitarra, un toldo, una esperanza.
Y aunque la vida nos lleve lejos,
el corazón siempre vuelve a la montaña,
a esa patria chiquita donde aprendimos a ser verracos,
a no rendirnos y con gotas de sudor
a creer que el amor por la tierra y la familia
es lo que nos hace eternamente paisas.